21 de julio de 2020
El posponedor de alarmas I
Para desmitificar tantas de las cosas que se supuso acerca de tan honorable labor que realizaba en el departamento B ubicado a las cercanías de la vías del tren, el lugar exacto para un desvelo de todos los días al que sucitaba tácitamente cuando se acostaba no sin antes darse manija unos buenos ratones de bocha de cosas del día del pasado de la imaginación, un remolino hacia el vacío sobrevendría a cada instante previo a la entrega y pero casi por apagarse vislumbraria la fuerza encriptada en la última visión donde estaría devuelta donde estuvo alguna vez iluminado por luminenscias luminerias del lumens y se enhebraría el también como una piedra lapizlásuli en la alfombra carmesí que teñía la sonrisa vertical que reconocía como un mensaje de las diosas que pululaban como siluetas floreadas mecidas por la voluntad de quién sabe que planeta, una vez que todo fuera profundidad el reloj comenzaba a correr, tenía piernas largas, asique no tardo en llegar a un punto donde se reconociese una mosca desde un charco de noche cíclica, porque se escuchaba aunque se viera lejana, estaba llegando ya, asi como undía sucede algo de repente, brotó la mosca invasiba y su sonido no era el de las alas, era el de la primera alarma.